Nuestros últimos héroes
Hace tres años visité a Violeta Alegre en el puerto de Abelgas de Luna, al norte de León, donde pasa el verano su rebaño. También la visité en San Pelayo, al sur de León, donde pasa el invierno. Entre el norte y el sur hay más de cien kilómetros. Entre un verano y otro, doscientos setenta días. En el norte y en el sur, están los rebaños de merinas. En el verano y en el invierno están los rebaños de merinas. Cuando era niña, los rebaños de merinas estaban por doquier. Hoy están menos, pero están.
Hace tres años visité a Violeta y me preguntaba, cómo es la vida de una mujer que se pasa de nueve de la mañana a nueve de la noche con su rebaño, sus mastines, sus careas…
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Me susurran los muertos
Hace dos semanas era octubre con temperaturas de verano. Ahora empieza noviembre, por fin, con tiempo de otoño, y llegan los muertos. Los muertos estaban esperando. Esperando a que pasara el verano eterno. Cada año se retrasan más, los muertos. Este año han llegado casi por sorpresa: guardamos los biquinis y al momento están aquí las calaveras y los huesos de santo.
Así que hace dos semanas Pequeño Zar y yo vivimos nuestro último día de verano. Era una mañana de calor insoportable y decidí ir en busca de un río limpio y, sobre todo, solitario. Objetivo muy difícil en Madrid, aunque, pensándolo bien, ¿a quién se le ocurriría bañarse en el río a mediados de octubre? Me habían hablado de uno que nacía en la sierra, pero llegar era una odisea…
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Instrucciones para no vender un poemario
Lee poesía, lee poesía antes de dormir, y en los ratos muertos, poesía en el metro, poesía en un banco del parque. Lee a Anne Carson, a Alejandra Pizarnik, a Sylvia Plath, y claro, a Colinas, a Gamoneda, a Llamazares. Escribe poesía, entra en ese estado de trance y déjate llevar. Desenamórate. Siéntete abandonada y derrotada, con ganas de subir a una roca y gritar, y siéntate en la hora oscura, cuando todos duermen, y escribe, echa al niño a dormir, descorcha una botella de vino, y escribe. Escucha una canción, una guitarra lenta y persuasiva, la voz rota, el tono menor, escúchala una y otra vez, siente cómo las palabras fluyen de las yemas de tus dedos, y escribe…
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Cuando te conviertes en presa

¿Quién es el depredador y quién la presa? ¿El ser humano o el lobo, el ser humano o el oso? Las relaciones entre humanos y no-humanos; una nueva compresión de esas relaciones. Cómo nos vemos a nosotros mismos y cómo vemos a los no-humanos en este planeta que habitamos todos juntos. De esto trata El rastreador (Errata Naturae).No es un libro de biología, pero sí contiene apuntes de biología.
No es un libro de nature writing, pero sí hay páginas que podrían estar escritas por algún eremita que habitara una cabaña en el bosque…
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Palestina y muros que saltan por los aires

Hace unos años visité los Territorios Ocupados y Gaza para hacer un reportaje sobre Médicos Sin Fronteras y su programa de salud mental para la población palestina. Comprobé allí lo que ya sabía, que los Territorios Ocupados y Gaza son dos mínimas franjas de tierra, rodeadas de muros y soldados por todas partes. Que nadie puede entrar y salir libremente. Que allí no hay lugares de esparcimiento, ni árboles, ni una brizna de verde. Que lo que hay son personas hacinadas que dependen en gran medida de cruzar la frontera para sobrevivir. Que no hay trabajo, ni horizonte. Ni físico ni mental. Los niños juegan entre las piedras y la basura o encerrados en sus mínimas casas. La nube de tristeza se veía desde la distancia, era algo físico, palpable.
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